COLUMNA
La Tijera, traje a su medida
Gobernar Córdoba con visión al año 2050 IV
Por Arturo Emilio Pimentel Báez
El debate no debería concentrarse en las obras que pueden inaugurarse durante los próximos cuatro años, sino en la ciudad que heredarán sus habitantes hacia el año 2050.
Las ciudades suelen crecer por inercia. El desarrollo, en cambio, nunca es producto de la casualidad. Es consecuencia de decisiones políticas, técnicas y sociales que, casi siempre, producen sus efectos cuando quienes las tomaron ya no ocupan el cargo público. Esa es la paradoja de la planeación urbana: exige pensar más allá del horizonte electoral y gobernar para ciudadanos que aún no votan o que incluso todavía no nacen.
La ciudad de Córdoba, Veracruz se encuentra precisamente en ese umbral. El debate no debería concentrarse en las obras que pueden inaugurarse durante los próximos cuatro años, sino en la ciudad que heredarán sus habitantes hacia el año 2050. Treinta años parecen una distancia considerable para la política; para el urbanismo representan apenas el tiempo indispensable para transformar una ciudad.
El crecimiento demográfico continuará ejerciendo presión sobre el territorio. Nuevos fraccionamientos, parques industriales, centros comerciales y desarrollos de servicios buscarán instalarse donde existan mejores condiciones de conectividad.
Esa dinámica no constituye un problema; por el contrario, refleja el dinamismo económico de una región privilegiada por su ubicación geográfica. El verdadero riesgo aparece cuando ese crecimiento ocurre sin una conducción clara del Estado.
Córdoba ha desempeñado históricamente un papel estratégico como punto de enlace entre el puerto de Veracruz, el altiplano y el sureste del país. Esa condición seguirá fortaleciendo su vocación logística, comercial e industrial.
La integración cotidiana con Fortín, Amatlán de los Reyes, Yanga, Cuitláhuac y otros municipios perfila una realidad metropolitana que tarde o temprano exigirá mecanismos de coordinación institucional. Los problemas urbanos ya no respetan límites municipales; tampoco deberían hacerlo las soluciones.
La experiencia nacional demuestra que las ciudades comienzan a deteriorarse cuando la expansión territorial supera la capacidad de los gobiernos para proporcionar infraestructura y servicios públicos.
El costo de llevar agua potable, drenaje sanitario, alcantarillado pluvial, alumbrado, pavimentación, transporte, seguridad y recolección de residuos aumenta conforme la mancha urbana se dispersa. Una ciudad extensa no necesariamente es una ciudad eficiente. Con frecuencia ocurre exactamente lo contrario.
En ese contexto, el agua emerge como el asunto más delicado del futuro inmediato. Ninguna estrategia de desarrollo será sostenible si no garantiza el abastecimiento para una población creciente. El desafío no consiste únicamente en producir más agua, sino en administrar mejor la existente.
Las pérdidas en las redes de distribución, el deterioro de la infraestructura hidráulica y la protección de las zonas de recarga de los acuíferos deberán convertirse en prioridades permanentes y no en respuestas de emergencia.
El agua: será un tema importante de abordar en la “Tijera”, recurso que definirá el futuro de Córdoba, Veracruz,
La infraestructura sanitaria enfrentará presiones similares. Las lluvias extraordinarias asociadas al cambio climático exigirán colectores pluviales de mayor capacidad y sistemas de drenaje diseñados para condiciones distintas a las del siglo pasado.
La improvisación en esta materia suele pagarse con inundaciones, daños patrimoniales y elevados costos de reconstrucción.
La movilidad representa otro de los grandes desafíos. Durante décadas predominó una visión que colocó al automóvil particular en el centro de la planeación urbana. Hoy esa lógica resulta insuficiente. Las ciudades competitivas privilegian el transporte público eficiente, la movilidad peatonal, la infraestructura ciclista, movilidad segura y sostenible, así como la integración inteligente de los distintos modos de desplazamiento. Reducir los tiempos de traslado significa también incrementar la productividad económica y mejorar la calidad de vida.
En otro espacio de la Tijera, se abordará el tema de la Movilidad urbana: de la ciudad del automóvil a la ciudad de las personas.
La vivienda merece una reflexión similar. El crecimiento horizontal indiscriminado genera mayores costos de infraestructura y profundiza la dependencia del automóvil.
La densificación ordenada, la mezcla equilibrada de usos del suelo y la recuperación de espacios urbanos consolidados ofrecen alternativas más racionales para una ciudad que inevitablemente seguirá creciendo. Construir más no siempre significa construir mejor.
Existe además un patrimonio que suele apreciarse únicamente cuando comienza a desaparecer: el ambiental. Las barrancas, los ríos, los cauces naturales y las áreas verdes constituyen infraestructura ecológica indispensable para la resiliencia urbana. Autorizar asentamientos en zonas de riesgo o reducir las áreas de infiltración equivale a transferir problemas y costos a las siguientes generaciones. La prevención es, también, una forma de responsabilidad pública.
pibe91arturopimentel@gmail.com
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Referencias.
Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano. (s. f.). ¿Qué hacemos? https://www.gob.mx/sedatu/que-hacemos
https://oem.com.mx/elsoldecordoba/local/cordoba-arrastra-300-asentamientos-irregulares-mas-de-50-colonias-buscan-regularizarse-31120809. Más de 300 asentamientos irregulares detectados en Córdoba: solo 50 en proceso de regularización


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