Columna CAFÉ CON AZÚCAR
En Clave Periodística: La Justicia
Por Carlos Vergara Sz
Esta semana que pasó se dio a conocer el nombre de la ganadora del Nobel de la Paz, premio que recayó en Navi Pillay, una sudafricana descendiente de indios.
Su historia es singular. En 1967 abrió su propio despacho de abogados. Fue la primera mujer no blanca que lo consiguió en la provincia de Natal, en el país del Apartheid.
Durante los años siguientes defendió a presos políticos que luchaban contra el racismo.
En 1995 se convirtió en jueza del Tribunal Superior de Sudáfrica. Fue la primera mujer no blanca que ocupó ese cargo.
Ese mismo año fue elegida para integrar el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, encargado de juzgar a los responsables del genocidio de 1994.
Le tocó juzgar a Jean-Paul Akayesu, antiguo alcalde de la localidad ruandesa de Taba. En 1998, Akayesu fue encontrado culpable de genocidio y crímenes de lesa humanidad.
Fue la primera condena por genocidio dictada por un tribunal internacional.
La sentencia también estableció que la violencia sexual podía constituir actos de genocidio cuando se cometían con la intención de destruir a un grupo protegido. Esto fue posible gracias a Pillay.
Entre 2008 y 2014 ocupó el cargo de Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, pero su nombre cobró especial relevancia cuando le tocó presidir la comisión de investigación de la ONU por lo ocurrido en Palestina.
En 2025 dictaminó que Israel cometió genocidio en Gaza.
* * *
Una historia como la anterior es difícil de encontrar en México.
No por falta de capacidad de los jueces mexicanos, sino por la presión a la que están sometidos por los poderes fácticos y por el mismo gobierno.
Sucedía antes con el PRI, luego con el PAN y ahora con Morena.
La semana pasada, la Asociación Nacional de Magistrados de Circuito y Jueces de Distrito denunciaron una “cacería administrativa” y hostigamiento disciplinario por parte del nuevo Tribunal de Disciplina Judicial.
Este Tribunal acumula 248 casos de investigación contra magistrados, jueces y personal administrativo.
La mayoría de las investigaciones son en contra de juzgadores que otorgaron suspensiones o juicios de amparo contra la implementación de la reforma judicial.
En la denuncia también se reportan que los expedientes derivan de quejas masivas articuladas por la Secretaría de Gobernación.
Uno de los casos más notorios, que no el único, es el de María Sitlalic Vizcaya Samudio, jueza segunda de distrito en Zacatecas, estado gobernado por Morena.
A ella la suspendieron de su cargo con el argumento de “notoria incompetencia”.
Pero el asunto más bien responde a represalias políticas por haber emitido fallos contrarios a los intereses del gobierno de Zacatecas, como el viaducto elevado o las corridas taurinas, así como por su oposición a la reforma judicial.
En todos estos casos, como la gran mayoría de juicios federales, son sentencias dictadas a favor de los ciudadanos, de la sociedad, del pueblo.
El Juicio de Amparo es para proteger al ciudadano frente a los abusos y excesos de los gobernantes y el juez federal es el garante de sus derechos.
Pero ante la embestida contra los juzgadores, difícilmente se atreverán a emitir un fallo contra el gobierno.
Imagina que el gobierno otorga de manera corrupta un permiso para una obra que daña el medio ambiente y en consecuencia tu salud.
El juzgador pensará dos veces antes de ir contra del gobierno.
Esa fue una de las advertencias que se hicieron contra la reforma judicial, pero pocos quisieron escuchar.
* * *
Como decía antes, con estas condiciones será complicado que un juez logre escalar las altas cumbres del sistema de justicia internacional como la nueva Nobel Navi Pillay.
No obstante, muy cerca de nosotros, existen ejemplos sobresalientes de jueces y juezas destacadas.
Me viene a la mente Martha Ramírez Trejo, quien empezó desde abajo en el Poder Judicial de Veracruz. Uno a uno fue ocupando casi todos los escalafones habidos y por haber en la estructura judicial hasta llegar a ser magistrada.
Egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana fue en su momento la única magistrada que llegó por mérito a ese alto puesto, a diferencia de sus colegas que llegaron por otros motivos.
O como ahora, que para llegar a ser juez, sólo se requiere ser popular o estar en las listas de Morena para que voten por ti.
Martha Ramírez Trejo, por cierto, fue jueza en los distritos judiciales de Córdoba, Orizaba, Huatusco, entre muchos otros.
No puedo terminar esta columna sin dejar de mencionar a otro cordobés que también llegó a ser magistrado del Tribunal Superior de Justicia: don Rubén Calatayud Balagueró.
Hombre probo, honesto y sencillo, su honorabilidad es legendaria.
En sus columnas en el diario El Mundo compartió en varias ocasiones momentos de su vida como magistrado.
De su faceta como escritor platicaré en otra ocasión.
Su nombre está grabado con justicia en letras doradas en el muro de los Cordobeses Ilustres en el Palacio Municipal de Córdoba.
Hombres y mujeres de esos necesita México y el mundo para llevar la justicia a los más necesitados.
Imágenes: Portada de la Revista Magazine Veracruzano #242 septiembre de 2019.
(2) Navi Pillay


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