Columna
Observatorio de medios
Relación prensa-poder: Día de la Libertad de Expresión
Por Carlos Vergara Sz.
En la siempre tensa relación entre el poder y la prensa hay días en el año en que hay oportunidad de limar asperezas, aclarar malentendidos, de dialogar y entender el difícil ejercicio, tanto de gobernar como del periodismo.
Los desencuentros son inevitables entre ambas partes porque, mientras el gobernante está en un puesto público por decisión propia y para servir a la sociedad, el periodista tiene como misión preguntar, cuestionar, investigar y, en su caso, denunciar y criticar.
Por este motivo, la relación prensa-poder es necesaria e inevitable.
Dicho en otros términos, el periodismo es un contrapeso, denominado el Cuarto Poder.
* * *
En México, el 7 de junio de cada año se conmemora y celebra el Día de la Libertad de Expresión.
Su creación surge precisamente para tender un puente entre el poder público y la prensa.
En 1951 el presidente de la República y directores y editores de diarios se reunieron en una comida.
Es de resaltar que la idea nació de quien era el dueño de la cadena de periódicos más grande del país: el coronel José García Valseca.
La organización corrió a cargo de los editores, quienes brindaron el banquete al presidente Miguel Alemán Valdés.
Este encuentro diplomático dio pie a que el mandatario reconociera la importancia de la libertad de expresión y, en consecuencia, a la prensa independiente y libre.
Desde entonces, cada 7 de junio, a nivel federal, en los estados y municipios se replica el encuentro, pero ahora es el gobernante en turno quien ofrece el banquete a los periodistas.
Como acotación, en Estados Unidos se efectúa un evento similar: la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca del presidente con los periodistas, el último sábado de abril de cada año.
* * *
Esta breve reseña histórica, es para recordar y enfatizar que no se trata de una simple invitación a comer.
Tampoco de “comprar” a los periodistas.
Menos se trata de un evento hueco, de discursos y lisonjas.
Es un acto diplomático, un diálogo, donde ambas partes vuelven a sellar ese compromiso por respetar la libertad de expresión y garantizar el ejercicio libre del periodismo.
* * *
Con lo anterior queda claro que no es un festejo en sentido estricto.
Tampoco hay una “obligación” del gobernante en ofrecer un banquete.
En tal sentido, la polémica por la comida ofrecida por el Ayuntamiento de Córdoba el pasado 10 de junio a reporteros cobra vigencia por el mensaje enviado.
Uno, la exclusión de varios comunicadores que no fueron invitados.
Dos, la ausencia del alcalde.
Tres, un evento a destiempo, tres días después del 7 de junio.
Cuatro, el deslucido “banquete”.
El simbolismo es evidente.
No había voluntad, ni interés en reconocer el papel de la prensa.
Tampoco en celebrar la libertad de expresión.
Mucho menos en departir con los periodistas.
* * *
Es una lástima, el alcalde que ha dicho no le gustan las preguntas “difíciles” se perdió la oportunidad de dialogar con quienes tendrá que “lidiar” durante los próximos 3 años y medio… si no renuncia antes.
En contraparte, la prensa ha sido muy condescendiente con el alcalde.
Manuel Alonso ha sido el presidente menos criticado en muchos años; si no es cierto, pregúntenle a sus antecesores.
Blog Café con azúcar carlosvergarasz@gmail.com


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