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23 octubre, 2026

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El regreso del caudillo que nunca se fue

La Nación de México

Con su carta de ayer, Andrés Manuel López Obrador asegura que escribe para expresar su respaldo incondicional a Claudia Sheinbaum y compartir una reflexión sobre Donald Trump.

Sin embargo, la carta termina revelando algo muy distinto: la incapacidad del expresidente para abandonar el centro del escenario político nacional.

Lo que comienza como una defensa de la soberanía mexicana rápidamente se convierte en una extensa reivindicación personal.

Cada párrafo parece construido para recordar que fue él quien negoció con Trump, quien evitó conflictos comerciales, quien resolvió la crisis de los aranceles, quien convenció al mandatario estadounidense sobre el tema del terrorismo y quien incluso logró la devolución del caso Cienfuegos.

La protagonista anunciada era la presidenta Sheinbaum; el protagonista real termina siendo López Obrador.

Resulta particularmente llamativo que quien denuncia supuestas maniobras extranjeras para influir en la política mexicana dedique buena parte de su texto a intervenir directamente en la discusión política nacional e internacional desde su retiro.

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La carta pretende blindar a la actual presidenta, pero al hacerlo la coloca bajo una sombra permanente: la de un expresidente que sigue hablando como si aún ocupara el cargo.

Tampoco pasa inadvertida la contradicción respecto a Donald Trump.

Durante años, el presidente estadounidense fue presentado por amplios sectores como símbolo del nacionalismo agresivo, del discurso antimigrante y del intervencionismo. Ahora López Obrador parece distinguir entre dos Trumps: uno bueno, racional y respetuoso que gobernó cuando él era presidente de México, y otro equivocado, manipulado y mal aconsejado que gobierna actualmente.

La explicación que ofrece resulta conveniente. Trump no sería responsable de sus decisiones actuales; la culpa recaería en asesores resentidos, fanáticos y oportunistas.

Así, el líder republicano queda prácticamente absuelto mientras la responsabilidad se traslada a personajes secundarios. Es una interpretación difícil de sostener cuando se trata de uno de los políticos más influyentes y dominantes de la escena internacional.

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Otro aspecto revelador es el tono de la carta.

López Obrador habla de funcionarios estadounidenses que buscan imponer gobiernos subordinados, corruptos y entreguistas.

Habla de conspiraciones electorales, campañas mediáticas y tácticas propagandísticas. Sin embargo, ofrece pocas evidencias concretas y muchas certezas absolutas.

La narrativa se construye sobre la idea de una amenaza permanente contra el proyecto político que él mismo fundó, reforzando la lógica de confrontación que caracterizó buena parte de su gobierno.

La afirmación de que Claudia Sheinbaum es “la mejor presidenta de México de nuestro tiempo” tampoco parece un análisis político serio.

Se trata de una conclusión categórica emitida por el líder histórico del movimiento que ella encabeza. Más que una evaluación objetiva, funciona como una consigna destinada a fortalecer la cohesión interna de Morena.

Quizá el dato más significativo no sea lo que la carta dice sobre Trump o sobre Estados Unidos, sino lo que revela sobre López Obrador.

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A casi dos años de haber dejado la Presidencia, continúa interpretándose como el principal referente político del país, el interlocutor privilegiado de los líderes internacionales y el guardián de la transformación que impulsó.

La despedida resume el verdadero sentido del documento.

No es una reflexión sobre Trump ni únicamente una defensa de Sheinbaum. Es el regreso discursivo de un expresidente que prometió retirarse de la vida pública, pero que sigue ejerciendo influencia mediante cartas, mensajes y posicionamientos políticos.

Desde Palenque, López Obrador quiso explicar por qué cambió Trump. Quizá la pregunta más pertinente sea otra: ¿por qué él sigue actuando como si nunca hubiera dejado el poder?

Foto: Evan Vucci / Associated Press.


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