COLUMNA BORRACHO EDITORIAL
Los plomeros de la nostalgia
Por Oscar Aguilar
Se tiene que vivir debajo de una piedra (o ser una persona libre de la toxicidad de la cultura pop) para no saber de la existencia de Super Mario Bros.
También se necesita tener acceso al mundo de los videojuegos, tener más de 30 años de edad y ser presa facil de la nostalgia.
Debemos recordar que en 1993 se lanzó una adaptación no muy agraciada, en la que Rocky Morton y Annabel Jankel estaban a cargo del proyecto; en ella participaron las leyendas de la actuación: Bob Hoskins (a quien lo recordamos por su actuación en ¿Quién engañó a Roger Rabbit?) y John Leguizamo, haciendo los papeles de Mario y Luigui.
Para pavimentar el camino a la tumba de las películas la cinta no contó con la producción de Nintendo, mucho menos con la bendición del creador de creadores Miyamoto; por lo tanto, se tomaron muchas “licencias artísticas”, ya que sólo habían rentado los derechos y los efectos especiales eran muy caros.
Sumado a eso están los dramas internos en donde Hoskins y Leguizamo se tiraron padrísimo al alcohol en el set, protagonizando peleas entre ellos y con parte del staff, además de que fue reescrita una y otra vez.
Para hacer crecer más esa tormenta interna, agregamos el elemento de que ambos directores fueron amenazados legalmente, no podían dar entrevistas y mucho menos hablar negativamente del proyecto ante una demanda multimillonaria.
Ya teniendo aterrizado ese contexto apocalíptico, la cinta pasó directamente al video y se transmitió una y otra vez en Canal 5 con su extinta barra de permanencia voluntaria y ahora es un ejemplo de todo lo que no se debe hacer con un proyecto cinematográfico.
Pero ya estamos en 2023, ya paso ese trago amargo ¿no? Pues no del todo, en días recientes se estrenó la adaptación animada, con mucho más presupuesto, más elenco célebre de cinco estrellas y con un giro algo oscurito para los infantes que acuden a verla tomados de la mano de sus emocionados padres.
Para la versión gringa se agenciaron a Chris Pratt en la voz de Mario, a mi Anya Taylor-Joy como la princesa empoderada Peach, a Charlie Day como el apegado Luigui y a Jack Black como Bowser.
En la versión de español latino sólo puedo decir GRACIAS POR NO METER CELEBRIDADES PEDORRAS A HACER EL TRABAJO DE ACTORES DE DOBLAJE.
¿La cinta es buena? Pues sí, cumple con su objetivo que es entretener y desconectar de sus miserables vidas a la audiencia para la cual fue diseñada (así es, las películas son para vender cosas no para instruir), pero algo pasa ahí: y son las constelaciones de mensajes depresivos, suicidas y hasta freudianos por parte del encantador/creepy personaje Destellomercado, los cuales para un niño de 3 años igual pasa desapercibido, pero para niños de 6 en adelante les darán en cositas que pensar y puede que miedos infantiles por descubrir.
Además de eso está la brevedad de la vida de los personajes en ese universo, lo cual en cintas como está es normal: por ejemplo, buena parte de Brooklyn fue destruida porque algo emergió y pues a nadie le importó si había gente atrapada en escombros, heridos o bajas civiles; lo que importaba era celebrar una épica batalla y abrazarse al final.
Otro de los puntos que hicieron que se me bajará el nivel del alcohol al verla, es descubrir que los hermanos plomeros pasan de los 30 años, aún viven con sus padres y el resto de su familia.
Usted dirá que porque son italianos tienen un apego familiar; puede ser, igual y es delirium tremens de mi parte, pero si lo vemos un poquito más profundo es una táctica para infantilizarlos y de esa manera sean mejor aceptados por el nuevo público que llegaron a ellos gracias a los videojuegos recientes y la influencia de los padres; ya ve que como adultos se nos da mucho eso de influir en los gustos de los más jóvenes y así perpetuar la cadena de consumo.
Sí para estas alturas usted sigue leyendo podemos concluir que igual y sí pasa un rato agradable desconectándose de la cruel realidad con esta cinta, pero no está de más que explique a sus hijos sobre ciertos puntos que mencioné líneas arriba, ¿para qué? para la crítica.
Necesitamos que el público joven no sea de borreguitos consumistas como sus padres y tengan libertad de criticar y de elección.
También para que sepan separar su realidad de la realidad de una cinta diseñada explícitamente para el consumo de una marca, la cual será olvidada en seis meses y de la cual aún siguen evaluando si se hará una segunda parte, porque recuerde a papá Hollywood le interesa el dinero, no los mensajes bonitos o si usted se reconectó con su niñez.
Así que la secuela es una moneda al aire que tal vez ni siquiera toque el suelo; pero el tiempo los números en taquilla y el hambre voraz de los productores lo dirá.


Oscar… puse especial atención en la producción musical. Es impresionante¡¡¡ Casi toda la película está orquestada, de manera magistral. Una sorpresa escuchar a una orquesta sinfónica bien dirigida y con buenos arreglos y producción, en una película de este tipo.