OPINIÓN
Entre el simbolismo vacío y la deuda legislativa
Saúl Sánchez Salinas
Es lamentable observar cómo, ante la falta de una agenda legislativa sólida que atienda las necesidades urgentes de la región, se recurra a propuestas de corte puramente simbólico para intentar simular actividad en la Cámara de Diputados.
La iniciativa de inscribir en letras de oro los “Tratados de Córdoba” es, en el mejor de los casos, redundante y, en el peor, una “llamarada de petate” para ocultar un desempeño pobre.
Tanto el Congreso de la Unión como el Congreso Local ya reconocen oficialmente la importancia histórica de Córdoba y la relevancia de los Tratados en la consumación de la Independencia.
Elevar esto a “letras de oro” no cambia la realidad jurídica ni aporta un solo beneficio tangible a los ciudadanos que el diputado representa.
Antes de buscar honores en los muros, el diputado Zenyazen Escobar debería rendir cuentas sobre su productividad real.
¿Cuántas iniciativas de ley ha presentado que impacten directamente en la economía, la seguridad o la salud de su distrito?
La labor de un legislador se mide en leyes aprobadas y presupuestos gestionados, no en placas conmemorativas.
Un diputado federal tiene tres pilares: legislar, gestionar y fiscalizar.
Priorizar una propuesta ornamental sobre la gestión de recursos para infraestructura o políticas públicas efectivas evidencia un nulo trabajo en los ejercicios rectores de su cargo.
Córdoba merece resultados, no solo menciones en el diario oficial.
Menos simbolismo y más trabajo legislativo de fondo es lo que la ciudadanía demanda.
Mientras se discute el “oro” en las paredes, los problemas de servicios y seguridad en el distrito siguen vigentes.


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