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20 octubre, 2026

Periodistas Multimedios

| Desde las Grandes Montañas de Veracruz

Visibilizan opresión generaciones de mujeres; protestan, dejan huellas y exhiben a abusadores

Periodistas Multimedios 

Córdoba.- El 8 de marzo es el día en que el grito reprimido estalla. 

El día en que mujeres de todas las edades, todos los colores de piel, todas las razas y las clases sociales se unen para visibilizar la opresión de lo que llaman el patriarcado.

El Día Internacional de la Mujer, la fecha en que la rabia contenida explota y la garganta se desgarra de gritar tan fuerte.

Es protesta, es enojo, pero también liberación.

Hace mucho que el 8M dejó de ser la simple visibilización de la mujer.

Hoy más que una marcha, es protesta de las nuevas generaciones que aprendieron, a la mala, que el silencio es el cómplice del abusador.

Es la protesta de las veinteañeras, pero también de las señoras que callaron el abuso sexual dentro del entorno familiar y no quieren que sus hijas y nietas lo sufran.

De las mujeres mayores que toleraron el abuso del marido por el “qué va a decir la sociedad”.

Son las mujeres de la generación “calladita te ves más bonita”.

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Ahí también van las sin corazón. Las madres de las víctimas de feminicidio. 

Las madres de las desaparecidas. 

De las que se despidieron una mañana sin saber que iba a ser su último abrazo.

Son las excluidas de la justicia, las no escuchadas en las fiscalías, las que cavan con sus manos la tierra de las fosas clandestinas.

Las que son usadas en los discursos políticos.

Las que ante la indiferencia gubernamental romperían todo.

Son las caras de la tragedia.

Las del México quebrado.

También marchan las que se burlaban, las que reían, las que criticaban las marchas, las escandalizadas por los “excesos” de las “feministas”, pero que ahora son víctimas, madres de las asesinadas, de las desaparecidas, mujeres muertas en vida.

Asombra la cantidad de jovencitas que llegan a la marcha a escondidas de sus padres, desafiando la tutela familiar.

Padres y madres que no ocultan sus “horror” por las marchas sin saber que sus hijas van en la multitud.

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Marchan también las que se cansaron de callar. Las que han permanecido en silencio.

Las que superada la adolescencia y la juventud temprana no están dispuestas a seguir mudas ante el abuso del ex novio, del amigo, el tío, el abuelo y hasta el padre.

El 8M no solo es marcha, es protesta y es testimonio.

Testimonios que desgarran, estrujan el alma y parten el corazón.

Mujercitas que fueron abusadas por quienes las debían proteger.

Acusadas de “mentirosas”.

Silenciadas por quienes decían amarlas.

Juzgadas porque ellas “tuvieron la culpa”.

En Córdoba la marcha concluyó con un mitin en la explanada del Palacio municipal.

Ahí Lucía Batista, habitante del Patio de la Estrella, acusó que desde hace 10 años sufre persecución del estado para sacarla del lugar.

Admitió que fue denunciada por despojo, pero a pesar de la sentencia en su contra, se le reconoció la posesión del lugar, hecho que no ha sido reconocido públicamente.

El 8M terminó con la instalación del tendedero anónimo de denuncias, pegado de cartulinas con frases feministas y la impresión de huellas de las participantes en las columnas del Palacio.

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Consignas

*Tu miedo a mi libertad se le llama machismo 

*Protesten por todas las que no pudimos 

*Vestir a mi gusto no es pretexto para el abuso 

*Nunca más tendrán la comodidad de nuestro silencio 

*Somos el corazón de las que ya no laten 

*Si un día no regreso, búscame, yo jamás dejaría a mi hija 

*Quiero que mi mamá reciba mi título universitario, no mi acta de defunción 

*A qué mujer en tu vida tendrían que matar para que sepas lo que es el dolor 

*Que ser mujer no nos cueste la vida

*Grito por las que ya no están 

*Nacimos para ser felices, no violadas 

*Donde existió miedo ahora grita la rabia 

*No es normal que todas hayamos pasado por una experiencia cercana a la violencia o el acoso 

*Les incomoda mi voz porque ya no me callo nada 

*Vale más un monumento que mi vida


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